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viernes, 19 de mayo de 2017

VENTA DE LIBROS

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jueves, 18 de mayo de 2017

LIBROS PARA POLICIAS, AGENTES DE SEGURIDAD,

VENTA DE LIBROS PARA ESTUDIANTES DE LA ESCUELA DE POLICIA NACIONAL DEL PERU- ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE MEDICINA Y DERECHO...



CONSULTAS : DIRECTOR GENERAL PEDRO ALEJANDRO REYES RAMOS






INSTRUCTOR EN ARMAS CORTAS-TIRO DEFENSIVO-TIRO PRACTICO-TIRO INSTINTIVO-
PEDRO ALEJANDRO REYES RAMOS
REGISTRO No 2600-
ACTUALMENTE CONCILIADOR EXTRAJUICIAL
DIRECTOR DEL CENTRO DE CONCILIACION EXTRAJUDICIAL HANS KENSEL
NO COMPRE UN ARMA



lunes, 8 de mayo de 2017

LOS ATEOS PUEDEN SER CONDENADOS A MUERTE EN 13 PAISES


Los ateos aún pueden ser condenados a muerte en 13 países


Las ideas ateas y naturalistas, y las personas que sostienen esas ideas, han sido universalmente perseguidas y discriminadas. Simplemente para hacerse una idea, estos son algunos datos. No conservamos ningún escrito original de la escuela materialista india Cārvāka-Lokayata, del siglo VI a.C. No conservamos ningún texto original de Demócrito, el principal representante del naturalismo griego (de hecho, Platón pretendió quemar sus libros, según Diógenes Laercio). El único ejemplar original de De rerum natura, de Lucrecio, considerado unánimente una flor filosófica de la antiguedad, fue encontrado por casualidad en un monasterio por un monje medieval italiano. Unos pocos textos epicúreos se han rescatado, también gracias al azar y a unos pocos arqueólogos aventureros, en la biblioteca privada de Herculano, en la región italiana de Campania.
Desde luego los ateos también pueden ser intolerantes, como muestra la historia del siglo XX, pero la experiencia de discriminaciones y persecuciones en contra ha sido, más bien, la norma.
Captura de pantalla 2013-12-18 a las 02.46.57La opinión culta europea sólo empezó a replantearse las cosas entrado el siglo XVII, en parte como consecuencia de las guerras de religión que dieron lugar a la paz de Westfalia y un ambiente más favorable a la tolerancia. El primer pensador moderno en afirmar que las personas ateas podían ser moralente virtuosas fue Pierre Bayle  (1647-1706), autor de un largo artículo sobre el filósofo naturalista de origen sefardita Baruch Spinoza. Pero las opiniones de Bayle ni mucho menos eran representativas de su época, ni tan siquiera entre los llamados “ilustrados”. Según el historiador de las ideas Jonathan Israel los ilustrados estaban básicamente divividos en este asunto. Por una parte, los ilustrados moderados, liderados por Locke o Voltaire, afirmaban la libertad religiosa, pero no la tolerancia de los ateos, y por otra parte los ilustrados “radicales”, alrededor de Bayle y Spinoza, afirmaban más bien la libertad de expresión e investigación. Algunos spinozistas también rehusaron el ateísmo, si bien redefinieron “ateísmo y piedad para denotar reverencia hacia la ley, redefiniendo simultáneamente ateísmo e impiedad como el desafío a las leyes del estado y el bienestar general” (Enlightenment contested, Pág. 223).
Todavía hoy las instituciones internacionales y los activistas de “derechos humanos” enfatizan la libertad religiosa sobre la libertad de pensamiento en general, y aparentemente son más sensibles a las agresiones contra la libertad religiosa que contra la libertad irreligiosa. Por eso es de tanta importancia el informe preparado por el International Humanist and Ethical Union sobre libertad de pensamiento.
El informe evidencia que todavía hoy las personas no creyentes sufren discriminación legal sistemática y afrontan penas específicas en la mayoría de los países. Los ateos se enfrentan a penas de muerte en 13 países (todos de mayoría islámica) y otros 39 países poseen disposiciones legales que contemplan penas de prisión por delitos de blasfemia. El informe califica como “severa” la discriminación contra no creyentes en cuatro países occidentales, debido a que aún poseen leyes prohibiendo la blasfemia y la libertad de expresión religiosa (desde los 3 meses en Islandia hasta los 3 años como máximo en Alemania).
Estas tendencias incluyen España, cuyo artículo 525 del código penal contempla penas contra las “ofensas religiosas”. El informe de esta institución considera que la discriminación contra no creyentes en España es “sistemática”, y recuerda algunos privilegios legales que aún conservan las confesiones religiosas en nuestro país, como ciertas peculiaridades fiscales o la elección de profesores de religión en las escuelas públicas.

¡ DEJAD QUE SE MUERAN..!



“La mayoría de las lenguas se mueren, no porque hayan sido eliminadas, sino porque sus hablantes nativos anhelan una vida mejor. Hablar una lengua como el inglés, el francés o el español y abandonar costumbres tradicionales puede abrir nuevos mundos y a menudo es un pasaje hacia la modernidad”

Un colaborador nuestro, Iñigo Valverde, ha tenido la amabilidad de traducir el articulo de  Kenan Malik “Let them die” del 2000. Aunque este artículo ya tiene una traducción en castellano de Gloria Lago, nos ha enviado la suya, magnífica también, que nos apresuramos a colgar. Un clásico.

Tercera Cultura
Marie Smith JonesEn la actualidad hay en el mundo alrededor de 6000 lenguas. Dentro de poco habrá una menos. Marie Smith Jones, de ochenta y un años es la última hablante con vida del “eyak”, una lengua de Alaska. Cuando muera, también morirá su lengua. Durante las últimas décadas han desparecido de esta misma forma un cantidad enorme de lenguas. Cuando en 1974 murió Ned Madrell en la Isla de Man, también se llevó a la tumba la antigua lengua “manx”. La muerte en 1992 de Tefvic Escenc, un granjero del pueblo turco de Haci Osman, se llevó por delante al “ubykh”, una lengua que se hablaba en el Cáucaso norte. Laura Somersal murió en 1990 y era la última hablante de una lengua nativa de América, el “wappo”. Seis años después, otra lengua nativa americana, el “catawba”, se extinguió con el fallecimiento de Carlos Westez, más conocido como Trueno Rojo.
Se estima que durante el próximo siglo, van a desaparecer al menos la mitad de las 6000 lenguas del mundo; algunos pesimistas insinúan que hacia el año 3000 solo quedarán 600 lenguas. Según el American Summer Institute of Linguistics (instituto americano de lingüística), hay 51 lenguas con un hablante único vivo -28 de ellas sólo en Australia. Otras 500 lenguas las usan menos de 100 hablantes y otras 1500 las hablan menos de 1000. La mayoría tendrán suerte si sobreviven a la próxima década.

 Una desaparición tan acelerada ha puesto en marcha una campaña cada vez más bulliciosa en favor de la conservación de la “diversidad lingüística”. En una necrológica dedicada a Carlos Westez, el escritor Peter Popham lanzó la siguiente advertencia “cuando muere una lengua “perdemos” la posibilidad de una manera única de percibir y describir el mundo”. Desesperado ante el “impacto que una cultura homogeneizadora tiene sobre nuestro modo de vida”, Popham mostraba su preocupación por la propagación del inglés acarreada por la cultura americana, a lomos de la tecnología japonesa, y por la hegemonía de unas pocas grandes lenguas transnacionales: el chino, el español, el ruso, el hindi. El año pasado (1999) el lingüista David Crystal se hizo eco de esos sentimientos en un trabajo de investigación publicado en Prospect . “Deberíamos preocuparnos por las lenguas que se están muriendo” argumentó, “por el mismo motivo por el que nos preocupamos cuando se extingue una especie del reino animal o vegetal. Reduce la diversidad de nuestro planeta”.
Ahora, un nuevo libro, Vanishing voices, del antropólogo Daniel Nettle y la lingüista Suzanne Romaine, asocia la campaña para la conservación de las lenguas a la campaña en favor de los derechos humanos fundamentales y por la protección de los grupos minoritarios, frente a lo que consideran una globalización y un imperialismo cultural agresivos. “La diversidad lingüística”, argumentan, “es un indicador de diversidad cultural. La muerte de las lenguas es un síntoma de muerte cultural: con la muerte de una lengua desaparece un modo de vida”. “Todo el mundo”, concluyen Nettle y Romaine, “tiene derecho a su propia lengua, a conservarla como un recurso natural y a transmitirla a sus hijos”.
Los propagandistas de la diversidad lingüística se presentan como defensores liberales de los derechos de las minorías, protegiendo a los vulnerables frente a las malignas fuerzas del capitalismo global. Sin embargo, bajo la retórica superficial, su campaña tiene mucho más en común con visiones reaccionarias y retrogradas tales como la campaña de William Hague para “salvar la libra” como una expresión única de la identidad británica, o el réquiem de Roger Scruton por una “anglidad” perdida. Todos buscan conservar lo inconservable y están poseídos de una visión irremediablemente nostálgica de lo que constituye una cultura o un “modo de vida”.
La razón de existir de una lengua es hacer posible la comunicación. Tal como lo planteó el prestigioso historiador y traductor mejicano Miguel León-Portilla para sobrevivir, una lengua debe tener una función. Una lengua hablada por una persona, o incluso por unos cuantos cientos, no es en realidad una lengua. Es una fantasía particular, como un código secreto infantil. Es, por supuesto, enriquecedor aprender otras lenguas y ahondar en otras culturas. Pero lo es no porque las diferentes lenguas y culturas sean únicas, sino porque comunicarnos salvando las barreras de la lengua y la cultura nos permite expandir nuestros propios horizontes y adquirir una perspectiva más universal.
Al lamentar la “homogeneización cultural”, los propagandistas de la diversidad lingüística demuestran no comprender lo que hace que una cultura sea dinámica e atractiva. No se trata de fragmentar el mundo con la mayor cantidad posible de lenguas, sino más bien de superar barreras para facilitar la interacción social. Cuanto más universal sea la comunicación, más dinámicas serán nuestras culturas, porque estarán más abiertas a nuevas formas de pensar, y de actuar. No es de provincianos creer que sería mejor que haya más gente que hable inglés, chino, español, ruso o hindi. Los verdaderos chauvinistas son, sin duda, los que emiten sombrías advertencias sobre la difusión de la “cultura americana” y la “tecnología japonesa”.
En el corazón de los argumentos de los conservacionistas está la creencia de que una lengua determinada está ligada a una forma de vida concreta y a una particular visión del mundo. “Cada lengua tiene su propia ventana al mundo”, escriben Nettle y Romaine. “Cada lengua es un museo viviente, un monumento dedicado a cada cultura de la que ha sido vehículo”. Se trata de una idea derivada de las concepciones románticas de siglo XIX basadas en las diferencias culturales. “Cada nación habla como piensa”, dejó escrito el crítico y poeta alemán Johann Gottfried von Herder, “Y piensa como habla”. Para Herder, la naturaleza de un pueblo se expresaba a través de su “volksgeist”- el inmutable espíritu de un pueblo. La lengua era un elemento esencial para delimitar a un pueblo, porque “en ella habita todo el mundo de la tradición, la historia, la religión, los principios de la existencia; todo su corazón y su alma”.
Es verdad que la capacidad lingüística del ser humano da forma a nuestros modos de pensar. Pero no lo hacen las lenguas concretas. Hace mucho que la mayoría de los lingüistas han desechado la idea de que las percepciones del mundo que tienen las personas y las clases de conceptos que sostienen, están delimitados por la lengua que utilizan. La idea de que los francófonos, por el hecho de hablar francés, ven el mundo de manera diferente que los angloparlantes es absurda. Más absurdo, incluso, es imaginar que todos los hablantes de francés, gracias a su lengua común, tienen una visión común del mundo.
Pero si la idea romántica de la lengua tiene poca influencia, la concepción romántica de las diferencia humanas si que la tiene. La creencia de que los diferentes pueblos tienen formas únicas de entender el mundo se transformó durante el siglo XIX en la base de una visión racial de mundo. El volksgeist de Herder evolucionó para convertirse en una concepción de raza, de contenido invariable, en el fundamento de toda apariencia física y potencia mental y en el substrato de las divisiones y diferencias dentro de la humanidad. Hoy la noción biológica de diferencia racial ha caído en desgracia, sobre todo a causa de la experiencia del Nazismo y el Holocausto. Pero, aun cuando la ciencia de la raza se ha desacreditado, no así el pensamiento racial. Simplemente ha traducido a términos culturales lo que antes expresaba en términos biológicos. El pluralismo cultural ha vuelto a poner de moda la idea de raza para el mundo posterior al Holocausto, con su alegación de que la diversidad es buena en sí misma y de que la humanidad puede empaquetarse en grupos separados, cada uno con su peculiar forma de vida y de expresión, con un “mirador único sobre el mundo”.
La argumentación contemporánea en favor de la conservación de la diversidad lingüística, aunque se presente como liberal, surge de la misma filosofía de la que emanaron las ideas de la diferencia racial. Por eso los argumentos de Popham, Crystal, Nettles y Romaine, al menos sobre este asunto, habrían podido recibir el aplauso del finado Enoch Powell. “Cada sociedad, cada nación es única” escribió éste. “Tiene su propio pasado, su propia historia, sus propios recuerdos, su propia manera de hacer las cosas, sus propias lenguas o formas de hablar, sus propia -me atrevo a usar la palabra- cultura“. Puede que los conservacionistas de la lengua actúen con la mejor de las intenciones, pero caminan por un terreno peligroso y en compañía de unos compañeros de viaje escasamente apetecibles.
La deuda de los propagandistas de las lenguas con el Romanticismo les ha dejado, como a la mayoría de los multiculturalistas, una noción bastante confusa de los derechos. Cuando Nettle y Romaine sugieren en Vanishing Voices, que “el derecho de las personas a existir, a practicar y producir su propio lenguaje y cultura, debe ser inalienable”, están mezclando dos tipos de derechos – los derechos individuales y los colectivos. 

Un individuo tiene, por supuesto, derecho a hablar la lengua que quiera y a involucrarse en cualesquiera prácticas culturales que desee en su vida privada. Pero nadie está obligado a escucharle, ni a facilitarle los recursos para la conservación ni de su lengua ni de su cultura. El motivo por el que el “eyak” pronto se habrá extinguido no es porque a Marie Smith Jones le hayan negado sus derechos, sino porque nadie quiere, o sabe, hablar esa lengua. Puede que esto signifique una tragedia para Marie Smith Jones –y una frustración para los lingüistas profesionales- pero no es una cuestión de derechos. Ninguna cultura, ningún modo de vida, ni siquiera una lengua, tienen un “derecho a existir” otorgado por Dios.
Los propagandistas de las lenguas también confunden opresión política y pérdida de la identidad cultural. A algunos grupos -por ejemplo a los kurdos de Turquía- se les prohíbe usar su lengua como parte de una campaña más amplia del Estado turco para negarles sus derechos. Pero la mayoría de las lenguas se mueren, no porque hayan sido eliminadas, sino porque sus hablantes nativos anhelan una vida mejor. 

Hablar una lengua como el inglés, el francés o el español y abandonar costumbres tradicionales puede abrir nuevos mundos y a menudo es un pasaje hacia la modernidad. Pero es la modernidad en sí misma lo que desaprueban Nettles y Romaine. Quieren que los pueblos del Tercer Mundo, y algunos grupos minoritarios de Occidente, mantengan “modos de vida locales” y persigan el “conocimiento tradicional” en lugar de recibir una “educación occidental”. 

Esto equivale a decir que esas personas deben vivir una vida marginal, excluidas de la corriente de modernidad en la que nos movemos los demás. No hay nada noble o auténtico en los modos de vida locales; a veces son simplemente degradantes y devastadores. “Nadie puede suponer que no sea más beneficioso para un bretón o un vasco pertenecer a la nacionalidad francesa, con todos los derechos inherentes a la ciudadanía francesa, que mantenerse enfurruñado sobre sus propias rocas, sin participar o interesarse por el movimiento general del mundo”. Esto lo escribió John Stuart Mill hace más de un siglo. Se habría quedado estupefacto si hubiera pensado que en el siglo XXI habría quienes creen que quedarte enfurruñado sobre tu propia roca es un estado que merece la pena proteger.
¿Qué pasa entonces si la mitad de las lenguas del mundo se encuentran al borde de la extinción?
¡Dejadlas morir en paz!

¿NOS PROTEGE LA RELIGION DEL DECLIVE COGNITIVO?


¿Nos protege la religión del declive cognitivo?

Lo que llamamos inteligencia o “capacidad para razonar deductiva o inductivamente, pensar de modo abstracto, emplear analogías, sintetizar información y aplicarlo a nuevos dominios” (Satoshi Kanazawa) no sólo es una medida relativamente objetiva, sino un fértil predictor de importantes resultados vitales, desde los ingresos económicos a la longevidad o la satisfacción vital. En parte, la inteligencia se hereda. Calculan que hasta el 80% de la variación de este rasgo en humanos adultos tiene una explicación genética. Y no está equitativamente distribuída en la población, sino que varía predeciblemente a escala individual y poblacional.
450px-Mikolow_protestant_church_insideUno de los factores de variación en inteligencia parece ser precisamente la religiosidad: en promedio los individuos más religiosos tienden a tener una inteligencia ligeramente menor que los menos religiosos. Pero esto no significa exactamente que los ateos sean más inteligentes. De hecho, uno de los detalles más pintorescos descubiertos por los investigadores es que el ateísmo tiende a colocarse más en los extremos de la distribución: los ateos “listos” orbitan en torno a los 128 puntos de CI, mientras que los ateos “estúpidos” lo hacen alrededor de los 70 puntos.
Existen diferentes hipótesis sobre por qué las personas más inteligentes tienden a ser menos creyentes. Según Zuckerman (2013) y sus compañeros esto podría deberse a que 1) la gente inteligente es menos conformista y más resistente a los dogmas religiosos; 2) que la gente menos creyente tienda naturalmente a poseer un estilo cognitivo más analítico que intuitivo, que típicamente requiere de mayores recursos o 3) que la gente más inteligente tenga menos necesidad natural de las compensaciones psicológicas proporcionadas por una religión. Una cuarta hipótesis de corte evolucionista, explicada por Satoshi Kanazawa, conjetura con que las personas no creyentes tienden a orbitar alrededor de rasgos evolutivamente más novedosos, como el ateísmo.
Sea cuál sea la hipótesis correcta, medida según la participación en las ceremonias religiosas y a cuestionarios sobre la importancia de las creencias religiosas, lo cierto es que la religiosidad parece estar relacionada negativamente con la inteligencia, según muestran varios estudios y metaanálisis. Sin embargo, paradójicamente, otros estudios han mostrado que la religiosidad podría tener efectos preventivos en la salud cognitiva de las personas a medida que envejecen. Parte de la explicación podría residir en que las comunidades religiosas, más que las creencias sobrenaturales en sí, proporcionan ciertos beneficios sociales y personales. Pero ¿son estos beneficiosos exclusivos de las comunidades religiosas?
Stuart Richtie, Alan Gow e Ian Deary acaban de publicar en Intelligence (2014) un trabajo basándose en una amplia muestra, pero formada esta vez por sujetos británicos, donde se analiza por primera vez la relación entre religiosidad e inteligencia entre individuos mayores de 80 años. Aunque el trabajo confirma que existe una (pequeña) asociación negativa entre religiosidad e inteligencia, lo mas significativo de los resultados es que no encontraron evidencias de que la participación religiosa sirva realmente como protección para el declive cognitivo en edades avanzadas. Los mismos autores consideran que los resultados bien pudieran ser consistentes con las peculiaridades culturales de la muestra europea. Es plausible que los efectos positivos de la religiosidad en la salud cognitiva (se ha observado el mismo patrón para el caso de los efectos en la felicidad) sean moderados o inexistentes en aquellas sociedades, como Gran Bretaña en comparación a los Estados Unidos, donde la religión tiene una importancia social menguante. En este caso, una significativa parte de la variación residiría en la “cultura”, más que en la “naturaleza”.

EL FIN DE LA FAMILIA BIOLOGICA


¿El fin de la familia biológica?

Desde hace más de tres décadas, las instituciones familiares tradicionales en las sociedades occidentales, eso que la segunda oleada de feministas llamaba simplemente la “familia biológica”, está experimentando una seria crisis. Charles Murray (su último libro no está ni se le espera en el mercado español) sitúa el punto de inflexión en 1963, coincidiendo con el asesinato de Kennedy. Antes de esta fecha, el porcentaje de madres solteras no pasaba en EE.UU del 3%. El matrimonio era casi universal y el divorcio una rareza: sólo un 3.5% de los hogares estadounidenses estaban compuestos por personas divorciadas, y sólo un 1.6% por personas separadas. Más del 80% de las mujeres permanecían en sus hogares, y el 98% de los hombres estaban en el mercado laboral. Sólo un 1% adimitía no tener ninguna preferencia religiosa. Estos porcentajes son homologables a los de cualquier otra nación del área de influencia occidental, incluyendo a España.
Crédito: Wikipedia
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Desde entonces, el paisaje demográfico ha cambiado drásticamente. Y algunos de los cambios puede que no nos gusten demasiado a fin de cuentas.
15 millones de niños norteamericanos, es decir, uno de cada tres, viven sin un padre y casi 5 millones sin una madre. En 1960, sólo el 11% de los niños americanos vivían en hogares sin padres. La epidemia del padre ausente afecta sobre todo a los hogares de raza negra: en todos los estados de EE.UU a excepción de 11, la mayoría de los niños negros viven sin alguno de sus padres.
La tasa de divorcios ha disminuido algo con respecto a los años noventa, pero sigue siendo mucho más elevada que antes del punto de inflexión. Aproximadamente la mitad de los matrimonios norteamericanos finalizan en divorcio, y en España había en 2008 tres divorcios por cada cuatro matrimonios, aunque la crisis económica parece haber moderado ligeramente la tendencia.
En paralelo, cada vez hay más solteros y hogares unipersonales. España no es el peor país del mundo en esto, pero en 2009 ya había más de 8 millones de personas entre 25 y 65 años sin pareja, es decir, el 20% de la población total. Cada vez hay más “desigualdad reproductiva”. De acuerdo con el Euromonitor Internacional, el número de personas que viven solas está disparándose globalmente, desde los 153 millones de 1996 a los 277 millones de 2011, un aumento de alrededor del 80% en sólo 15 años. En España, un 27% de los hogares están ya habitados por una sola persona.
Será verdad que todavía queda “vida placentera y fértil”, pero nosotros los blancos occidentales tenemos muchos menos hijos y somos preocupantemente más viejos cada año. Con unas tasas insuficientes de natalidad, solo la emigración es capaz de proporcionar una solución para el reemplazo generacional. En España, el porcentaje de población extranjera ha pasado del 0.5% en 1981 al 12% del 2012.
Algunos opinan que acabamos de entrar en una era “post-familiar”. Entre las causas, se señala a una urbanización menos acogedora para las familias, y una relativa prosperidad que nos permite liberarnos de las redes solidarias extendidas, típicas de las sociedades tradicionales sin un “estado del bienestar”.
Otros críticos religiosos señalan también al creciente secularismo (uno de cada cinco estadounidenses no declara preferencias religiosas, y en España el porcentaje de no creyentes es similar) como causa del declive familiar, pero Nigel Barber no está de acuerdo. En su libro Why atheism will replace religion, argumenta que el declive de la fertilidad y la religión no están causados por un declive de los valores, sino por el desarrollo económico. Barber argumenta que necesitamos explicaciones verdaderamente cientificas, no discursos moralistas, para entender las alternativas que tenemos para proteger a nuestras familias de un porvenir que, por lo visto ahora, parece poco halagueño. Quizás haya algo de esperanza, vida placentera y fértil, también para ateos.

martes, 2 de mayo de 2017

EL HOMBRE PRACTICA LA GUERRA DESDE HACE 10,000 AÑOS

En guerra desde hace 10.000 años

Buscamos los orígenes del comportamiento bélico: ¿es algo intrínsecamente humano, o surge a consecuencia de la idea de la propiedad en los primeros asentamientos?

Detalle del cráneo fracturado de uno de los esqueletos hallados en Nataruk.
Detalle del cráneo fracturado de uno de los esqueletos hallados en Nataruk. 
Unos antiquísimos restos óseos humanos encontrados en Kenia se han revelado como una de las pruebas más evidentes de violencia entre grupos prehistóricos no asentados. Investigadores del Centro Leverhulme de Estudios Evolutivos Humanos (LCHES, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Cambridge, liderados por la antropóloga Marta Mirazón Lahr, han hallado restos parciales de 27 personas, incluyendo al menos ocho mujeres y seis niños, en un paraje a 30 kilómetros al oeste del lago Turkana de Kenia, en un lugar llamado Nataruk.
En un artículo que es portada de la revista Nature esta semana, sus autores sostienen que la masacre de Nataruk es el registro más antiguo de violencia entre grupos prehistóricos de cazadores-recolectores, es decir, no asentados en un territorio y que, además, tradicionalmente se han considerado como no violentos. Este evento se produjo hace entre 9.500 y 10.500 años, en torno al inicio del Holoceno -el periodo geológico en el que vivimos-, justo después de la última Edad de Hielo. Y su importancia radica en que la guerra como tal quizá no esté vinculada necesariamente, como siempre se ha afirmado, a sociedades plenamente asentadas y productivas.
De los restos de cuerpos encontrados, una decena mostraban claros signos de haber sufrido una muerte violenta: graves traumatismos con fracturas en cráneos, pómulos, manos y rodillas, lesiones de flechas en el cuello, e incluso heridas de proyectiles de piedra en el cráneo y tórax de dos de los hombres del grupo.
Asimismo, cuatro de los cuerpos aparecen en una posición que indica que habían sido maniatados, entre ellos el de una mujer en avanzado estado de embarazo. Aparte de los signos de violencia, otro factor proporciona una valiosa pista acerca del origen de esta particular masacre: los cuerpos no fueron enterrados. Esto ya de por sí resulta singular y bastante raro.
"Este dato es importante, ya que demuestra que no existía una población local que fuese a enterrar a los muertos después del ataque sufrido", comenta a EL ESPAÑOL Mirazón, que dirige el Proyecto IN-AFRICA en el que se enmarca este hallazgo. "Pero son los restos humanos de Nataruk los que nos proporcionan las evidencias de una muerte violenta".
Detalle de las manos de una mujer, probablemente atadas.
Detalle de las manos de una mujer, probablemente atadas. 
Los grupos cazadores-recolectores son aquellos cuya subsistencia no depende de la producción, sino de la explotación de los recursos naturales de un lugar hasta agotarlos. El paraje donde fueron encontrados los restos, cerca de un antiguo lago, pudo haber sido ideal para habitar en la época en la que se produjo la matanza, ya que tenía fácil acceso a agua potable y otros recursos como la pesca. Por tanto, tal vez fuera una zona codiciada por otros grupos humanos. Asimismo, la presencia de cerámica sugiere que los sujetos que habitaban la zona tenían capacidad de almacenar alimentos.
Este descubrimiento, según Mirazón, "demuestra que las condiciones para que exista el conflicto no dependen del sedentarismo y que, en momentos de gran abundancia y alta densidad poblacional, valía la pena pelear por los recursos que un grupo de cazadores tuviese y otro no, fueran estos agua fresca, carne o pescado seco, acceso al mejor sitio de caza, o incluso mujeres y niños; la visión de la guerra se basa en lo que el ser humano valora".

EL ORIGEN DE LAS GUERRAS

¿Qué consideramos guerra? "Por guerra debemos entender la confrontación de dos bandos", responde Mirazón desde Kenia por correo electrónico. "La definición no difiere de la idea que tenemos en la actualidad, pero sí cambia, como es obvio, la escala. Aplicado a hace 10.000 años entendemos como guerra el conflicto entre dos grupos humanos".  Según Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC y director de Paleoantropología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, guerra es "el comportamiento agresivo entre grupos diferentes, con resultado de muerte normalmente, y que no se dé de manera ocasional o fortuita entre dos individuos".
Los orígenes de la guerra son controvertidos. La primera prueba arqueológica considerada concluyente de ataques contra asentamientos humanos es un enterramiento nubio cerca de la actual ciudad de Jebel Sahaba en Sudán, un acontecimiento que tuvo lugar hace entre 12.000 y 14.000 años. "Pero varios de esos restos corresponden a eventos violentos diferentes", comenta a EL ESPAÑOL el profesor de Prehistoria y Arqueología de la UNED José Manuel Maíllo Fernández, uno de los firmantes del artículo.
Maíllo subraya que "en Nataruk lo que se ha hallado es un 'campo de batalla' en el que, además, curiosamente no hay restos de individuos de entre 6 y 20 años de edad, excepto los de una joven de unos 12 años". "Obviamente, no sabemos qué les ocurrió, pero está claro que en un grupo humano de estas características tenía que haber miembros de estas edades", comenta este arqueólogo.
Fuera de estas regiones centroafricanas, las primeras guerras tuvieron lugar en otras partes del mundo hace unos 4.000 años.
Otro de los cuerpos hallados.
Otro de los cuerpos hallados. 
Según escribió en un artículo en PNAS el antropólogo estadounidense Raymond C. Kelly, la evolución de la violencia letal entre seres humanos abarca varios periodos. En primer lugar, los seres humanos practican una violencia ocasional y se aprovechan de avances tecnológicos como las lanzas. Después, Kelly describe una etapa que denomina de ventaja intrínseca, en la que se produce una evolución de la organización militar y de la tácticas.
Estas épocas se extienden durante cientos de miles de años. Por poner un ejemplo, el uso más antiguo conocido de armas que matan a distancia se ha establecido de forma fiable hace nada menos que 400.000 años, que es la edad de unas lanzas de madera de entre 1,80 y 2,20 metros de longitud, parecidas a las jabalinas modernas, recuperadas de un sitio cerca de la mina de lignito Schöningen, en Alemania.
"El modelo clásico dice que la violencia entre grupos, organizada, por así decirlo, surge con el origen del Neolítico, cuando empieza a haber sociedades sedentarias y, sobre todo, excesos de producción: en ese momento, las sociedades jerarquizan y empiezan a darse comportamientos de guerra, de enfrentamientos organizados", comenta Rosas.

UN HALLAZGO INSÓLITO

En el caso de la masacre de Nataruk, el artículo de Nature describe un enfrentamiento entre dos grupos de cazadores-recolectores que actúan sin piedad y compiten entre sí. "La evidencia empírica de muertes violentas a manos de otros humanos son extremadamente escasas en momentos anteriores y siempre se han dado en individuos, no en grupos como en este yacimiento", apunta Mirazón.
"Nataruk es un yacimiento insólito en este sentido para la Edad de Piedra y nos enseña un evento del comportamiento de estos grupos de cazadores-recolectores en el que murieron de forma violenta hombres, mujeres y niños", afirma la científica, que añade: "A los ojos de nuestra sociedad, cualquier tipo de muerte violenta sigue siendo reprobable y sorprendente, pero llama poderosamente la atención entre grupos de cazadores-recolectores que se consideraban, en la disciplina arqueológica, como no violentos".
"Lo interesante aquí es que se pone de manifiesto que la guerra es un comportamiento anterior al Neolítico", comenta por su parte Rosas, "desplaza el origen de un fenómeno tan humano como es la guerra hacia atrás en el tiempo y resulta ser, al parecer, más antiguo de lo que se pensaba hasta ahora".